Sobre la necesaria honestidad de un candidato que vende honestidad.

Hace unos días el Peje andaba de pata de perro por una de las regiones más mochas del país, los Altos de Jalisco, cuando le preguntaron: ¿que vibra traes con el matrimonio gay y la onda del aborto? El valiente Peje respondió (les pongo el choro completo para que ustedes le midan el agua a los camotes):

Retrato impresionista de AMLO
Retrato impresionista de AMLO

“Yo represento a millones de católicos, a millones de evangélicos y a millones de libres pensadores de este país, entonces si no los consulto no me puedo pronunciar, que no se llamen a engaño, siempre he sostenido que el mejor método es el democrático y que la gente decida, y yo soy partidario de las libertades, pero cuando se trata de esos temas, vamos a que los ciudadanos sean los que resuelvan”.

Cuando al fantástico Bernie Sanders (nos mojamos al pronunciar su ilustre nombre) le preguntaron, frente a una multitud enfurecida de estudiantes de una universidad cristiana, si a él le rifaba despenalizar el aborto, contestó:

Bernie Sanders en Liberty University Christian College, siendo un campeón.
Bernie Sanders en Liberty University Christian College, siendo Don Vergas.

“La neta vamos a estar en desacuerdo en este punto. Yo respeto a las familias que dicen ‘en esta casa no vamos a abortar’; pero espero que la demás banda respete la difícil decisión que muchas mujeres terminan por tomar y no necesitan que el gobierno les diga lo que tienen que hacer”.

Eso sí es “honestidad valiente”: un cabrón que sostiene lo que cree correcto, aunque sus palabras no sean muy bien recibidas. Mientras tanto, la opinión del Peje es un misterio del universo. La verdad es que simplemente no quiere perder votos de unos ni de otros. El clásico todas-mías. Pero así también se pierden votos.

Vale madre si el Peje es un mojigato o no, aquí el punto es si los derechos humanos de la comunidad LGBTTTTTTTI, es decir, el derecho de una minoría a no ser discriminada, debe quedar en manos de las mayorías mochas de este triste país. La Suprema Corte ya dio su bendición para que el matrimonio pueda ser de “todos contra todos”; ¡bueno!, ni la raza de Morena está contenta con las declaraciones de mi abuelito: el Secretario de Diversidad Sexual de Morena (sí, esa secretaría existe en Morena) respondió al Peje diciendo que “los derechos (humanos) no se pueden someter a consulta”. Hasta los diputados de Morena que están haciendo la Constitución Chilanga pidieron que se incluya el derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad.

Mr. Lincoln. Sí, dije que no quería que los negros se mezclaran con los blancos, pero tampoco quería verlos esclavizados. ¿Me la dan por buena?
Mr. Lincoln. Sí, dije que no quería que los negros se mezclaran con los blancos, pero tampoco quería verlos esclavizados. ¿Me la dan por buena?

Imagínese a Lincoln diciendo, “bueno, pues si la mayoría de blancos rancheros esclavistas quieren la libertad de los negros, pues que ellos decidan”. (OMG!! I said the “N-word”!!) No, chiquito, si estás a favor del respeto a los derechos humanos, luchas por ellos y los defiendes; si no, pues joteas y te andas con que no puedes revelar tus maravillosas opiniones.

No se confunda, querido lector, en el Hocicón creemos que una persona que ponga en el centro de sus políticas el tema del combate a la corrupción, la desigualdad, la pobreza y la defensa de los intereses de la patria, es preferible a “La Calderona” o cualquier criatura repugnante que pueda brotar de las cloacas del PRI.

El asunto no es que AMLO sea un peligro para México, sino un obstáculo para el avance de la izquierda electoral: un Peje que sólo habla de cómo “la mafia del poder” conspira en su contra; que no dice cómo va a hacer para que ya no le roben las elecciones, que no le afecten las encuestas manipuladas, los ataques de Televisa & Co.; que no plantea nuevas ideas para atraer a nuevos votantes, no enamora a los jóvenes (en buen plan, vatos), no busca alianzas (le dio una paliza al EZLN en cuanto asomó la cabeza), que no se define en los temas escabrosos, nada. Sólo se dedica a repetir la misma fórmula una y otra vez, elección tras elección.

Ya no sabemos si la izquierda del país es una especie de Sancho Panza colectivo: siguiendo a todas partes a un viejecillo idiático, que a su vez persigue a una paloma como quien tiene el seso fundido.

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